Los últimos

“Él también te podía haber contado muchas cosas, pero murió hace dos años.”

“Sabes que ya casi no quedan combatientes vivos, los que quedan son muy mayores. Muchos han fallecido.”

“Es difícil encontrar a esas personas. No se sabe dónde están.”

“Ya no salen a pasear, se quedan en sus casas o en una residencia con sus recuerdos de la guerra.”

Entre 2015 y 2017, recorrí las aldeas y los pueblos de España intentando hallar respuesta a las preguntas generadas por el deseo de rendir homenaje a mi abuelo materno Luis y a todos los abuelos que murieron durante la Guerra Civil Española (1936-1939). Me hubiera gustado conocerlo y sé que mi madre y mi tío hubiesen deseado, necesitado, vivir y crecer junto a él. No fue así.

¿Dónde están los supervivientes? ¿Quiénes son? ¿Qué significó la guerra para ellos? Con estos interrogantes como motor, logré encontrar a algunos de los últimos combatientes que participaron en la guerra y a mujeres que la vivieron.

Los retratos, realizados hace más de dos años, que presento en esta exposición son los de aquellas personas, hoy muy ancianas o fallecidas después de nuestro encuentro, que, un día, fueron la juventud de España. La mayoría eran casi niños cuando combatieron, tenían entre diecisiete y dieciocho años.

Mi forma de trabajo consistió en viajar con una furgoneta y mi material fotográfico, preguntando por pueblos y plazas, hasta localizar a algún combatiente vivo. Conseguí retratar y recoger el testimonio de combatientes de los dos bandos en varios puntos de España.

No se muestra en esta exposición el trabajo objetivo de un historiador, sino la memoria subjetiva de quienes sufrieron, en primera persona, la guerra civil. He querido rescatar del olvido a esos combatientes, ponerles un nombre, un rostro, y escuchar su relato, testimonio oral de un momento histórico de alcance colectivo y de un momento vital de enorme trascendencia individual: la proximidad ineludible del final de sus vidas.

Utilizando un fondo blanco, a la manera de Richard Avedon, he querido descontextualizar el retrato para centrar la mirada en la persona, su rostro, sus gestos. El blanco y negro me permitía concentrarme más en el personaje, anulando el estímulo cromático que, de manera inconsciente, distrae la mirada.

Los testimonios de esos combatientes están recogidos en un video que  presenta algunos extractos,  fragmentos de las conversaciones que he mantenido con ellos frente a la cámara. He querido que cada uno contara su historia personal a su ritmo personal. Una  memoria alterada por el tiempo, por la emoción y por las circunstancias del momento.

Para llevar a cabo este trabajo resultaba imprescindible crear un vínculo personal que generase la situación de confianza necesaria para realizar las entrevistas y las sesiones fotográficas en un clima que les permitiera expresar sus emociones sin sentirse incómodos conmigo. Mis fotografías son a la vez memoria y huella emocional, reflejan el mundo íntimo, personal y único de estos combatientes, a quienes agradezco profundamente su generosa respuesta.

El tiempo ha podido alterar los recuerdos, pero las emociones y la intensidad perduran. La memoria nos hace más humanos y nos permite entender, a la luz de quienes la vivieron, esta guerra atroz que quebró familias enteras y que todavía hoy se manifiesta como un perturbador fantasma.

Luis Areñas

“He could have told you lots of things as well, but he died two years ago.”

“You know there are barely any fighters still alive, and those that are left are very old. Many have passed away.”

“It’s difficult to find those people. Nobody knows where they are.”

“They don’t go out for walks any more. They keep to themselves in their houses or in care homes with their memories of the war.”

Between 2015 and 2017, I visited towns and villages all over Spain trying to find answers to the questions raised by my wish to pay tribute to my grandfather Luis––and all the grandfathers––who died in the Spanish Civil War (1936–1939). I would have liked to have known him, and I know that my mother and uncle would have wanted, needed, to live and grow up with him. It was not to be.

Where are the survivors? Who are they? What did the war mean to them? Urged on by these questions, I was able to locate some of the last soldiers who took part in the war, and women who experienced life at the time.

The portraits I present in this exhibition are of those people, who are very old today, or who have died since being photographed, who were one day the youth of Spain. Most were barely out of their childhood when they went to war, aged 17 and 18 years.

My method consisted of driving around in my van with my equipment, asking people in villages and town squares, until I located surviving combatants. I managed to portray and record the testimonies of soldiers who fought on both sides in different parts of Spain.

This exhibition does not deal with the objective work of an historian, but the subjective memory of those who suffered the effects of the civil war first hand. I wanted to rescue those combatants from oblivion, give them a name and a face, and listen to their account, an oral testimony of a historic event that had collective repercussions and of a vital moment of great personal significance: the unavoidable approach of the end of their lives.

Using a white background, in the style of Richard Avedon, I wanted to decontextualize the portrait in order to focus on the person, their face and gestures. The use of black and white allowed me to concentrate on the person, cancelling out any chromatic stimulus that would unwittingly distract the eye.

The testimonies of these fighters have been captured on a video presenting a number of extracts, fragments of the conversations held with them in front of the camera. I wanted each individual to tell their own story at their own pace. A memory altered by time, by emotion, and by their present circumstances.

In order for this work to succeed, it was essential to create a personal connection that would create the trust required for the interviews and photographic sessions to take place in an atmosphere that would permit them to express their emotions without feeling uncomfortable in my presence. My photographs are both memories and the record of emotional impact; they reflect the intimate, personal, and unique world of these combatants, for whose generous response I am deeply grateful.

Time may have altered their memories, but their emotions and their intensity endure. Memories make us more human, and in light of the people who experienced them, allow us to understand this heinous war that destroyed entire families and whose disturbing reminders continue to haunt us today.

Luis Areñas

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